Lo que dan de sí diez horas de traqueteo ferroviario y nocturno del mismo género que diez años ha mecía mi sueño y hoy sólo lo aboba. La cabeza, finalmente, ha venido a parar en unas pocas ideas.La primera, que estoy empezando a abandonar mi etapa asocial, o al menos soy capaz de hacer que lo parezca. Ya no soy un aprendiz de sociópata, sólo un tío torpe y/o singular. En cambio podría postularme como guionista para los Monty Python con sólo pedirle, por ejemplo, a Quijote que narre el momento en que nos conocimos, o a Espantapájaros la tecnológiquísima charla que mantuvimos en el amaneradísimo diván dorado del abujarradísimo local en el que pasamos las horas previas a la despedida.La segunda, no me comí una rosca este fin de semana. Pero esa fue la tónica general. Enhorabuena a los premiados. Yo dormí más.Tercera, que yo no quiero comerme roscas, sino conocer a alguien con quién sea agradable armar proyectos o soñarlos. Y no me refiero a Adelasuma (a estas alturas…) sino a algún fermoso doncel o garrido galán.Y cuarta, que yo no quiero querer lo que quiero (esto suena a neurosis, pero no lo es). Porque en soledad también se puede vivir, y muy a gusto. Eso me han dicho.Cuando llegué, Taxi estaba sobre mi cama, el edredón lleno de lana blanca. Debe de estar empachado, se comió todas las provisiones que le dejé. Mientras escribo trepa por mí y bosteza ante mis narices (le huele el aliento a rayos). Durante todo el día he sido su canapé, y me refiero a las siestas que se echa sobre mi panza, no a los mordiscos que me da.Mañana el día será lluvioso y ventoso, como está siendo ya la noche. Tendré agua que riegue mis raíces y viento que se lleve mis hojas viejas.Vetusta Morla. Otro día en el mundo.Posted in ilusión
Lo que dan de sí diez horas de traqueteo ferroviario y nocturno del mismo género que diez años ha mecía mi sueño y hoy sólo lo aboba. La cabeza, finalmente, ha venido a parar en unas pocas ideas.
La primera, que estoy empezando a abandonar mi etapa asocial, o al menos soy capaz de hacer que lo parezca. Ya no soy un aprendiz de sociópata, sólo un tío torpe y/o singular. En cambio podría postularme como guionista para los Monty Python con sólo pedirle, por ejemplo, a Quijote que narre el momento en que nos conocimos, o a Espantapájaros la tecnológiquísima charla que mantuvimos en el amaneradísimo diván dorado del abujarradísimo local en el que pasamos las horas previas a la despedida.
La segunda, no me comí una rosca este fin de semana. Pero esa fue la tónica general. Enhorabuena a los premiados. Yo dormí más.
Tercera, que yo no quiero comerme roscas, sino conocer a alguien con quién sea agradable armar proyectos o soñarlos. Y no me refiero a Adelasuma (a estas alturas…) sino a algún fermoso doncel o garrido galán.
Y cuarta, que yo no quiero querer lo que quiero (esto suena a neurosis, pero no lo es). Porque en soledad también se puede vivir, y muy a gusto. Eso me han dicho.
Cuando llegué, Taxi estaba sobre mi cama, el edredón lleno de lana blanca. Debe de estar empachado, se comió todas las provisiones que le dejé. Mientras escribo trepa por mí y bosteza ante mis narices (le huele el aliento a rayos). Durante todo el día he sido su canapé, y me refiero a las siestas que se echa sobre mi panza, no a los mordiscos que me da.
Mañana el día será lluvioso y ventoso, como está siendo ya la noche. Tendré agua que riegue mis raíces y viento que se lleve mis hojas viejas.
Vetusta Morla. Otro día en el mundo.
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