Esta entrada fue escrita originalmente para el fantástico blog “Regálame una canción“, que amablemente la introdujo entre sus post.Juntamos aquellos dos bancos de madera en aquella plaza que a veces era campo de fútbol y otras, campo de sueños. Allí, en aquel mini Bernabeu, fuimos pichichis, zamoras, butragueños, inventores del famoso regate al columpio por detrás con salto sobre el niño, y del pase de tacón sobre la pared de la señora que nos pedía por favor que no levantáramos tanto polvo. Ella no sabia que aquello era la final de la liga de esa tarde, ni nosotros lo que jode tener que elegir entre limpiar el polvo o cerrar la ventana en Madrid en pleno mes de junio.Y en aquellos bancos fuimos más cosas todavía. Fuimos jugadores de mus, ganadores de grande, dos a pares y 15 a juego si lleváis, perdedores de chicas sin necesidad ni de envidar, arregladores de mundos que ni siquiera comprendíamos, buscadores de fantasías entre futuros que siempre eran del color que nosotros elegíamos. Hacíamos citas para el año 2000 en la Puerta del Sol, y nos parecía todo tan lejano como hermoso. Nadie caería, nadie fallaría, todos estaríamos allí, por que el único problema que pudiera haber es que nuestros padres nos nos dejarán, y en el 2000 tendríamos ta y tantos, y un trabajo que te cagas, y un local de música, y al final no habría ningún final que no decidiéramos nosotros.Y de vez en cuando, cantábamos canciones. Canciones aprendidas de memoria, con sabor a quedar a las siete y media en el banco, a ¿sabes si va Fulanita?, a mirar al futuro cuando tan sólo significa si este viernes vamos a Bravo Murillo al cine, pero al Crystal o al Lido, y luego nos podemos tomar una tortilla en Nebraska.Fueron muchas, muchas canciones, pero esta, esta sonó muchas veces….¿Otra copita? Tagged: Banco de Madera, Calle Melancolía, Sabina
Esta entrada fue escrita originalmente para el fantástico blog “Regálame una canción“, que amablemente la introdujo entre sus post.
Juntamos aquellos dos bancos de madera en aquella plaza que a veces era campo de fútbol y otras, campo de sueños. Allí, en aquel mini Bernabeu, fuimos pichichis, zamoras, butragueños, inventores del famoso regate al columpio por detrás con salto sobre el niño, y del pase de tacón sobre la pared de la señora que nos pedía por favor que no levantáramos tanto polvo. Ella no sabia que aquello era la final de la liga de esa tarde, ni nosotros lo que jode tener que elegir entre limpiar el polvo o cerrar la ventana en Madrid en pleno mes de junio.
Y en aquellos bancos fuimos más cosas todavía. Fuimos jugadores de mus, ganadores de grande, dos a pares y 15 a juego si lleváis, perdedores de chicas sin necesidad ni de envidar, arregladores de mundos que ni siquiera comprendíamos, buscadores de fantasías entre futuros que siempre eran del color que nosotros elegíamos. Hacíamos citas para el año 2000 en la Puerta del Sol, y nos parecía todo tan lejano como hermoso. Nadie caería, nadie fallaría, todos estaríamos allí, por que el único problema que pudiera haber es que nuestros padres nos nos dejarán, y en el 2000 tendríamos ta y tantos, y un trabajo que te cagas, y un local de música, y al final no habría ningún final que no decidiéramos nosotros.
Y de vez en cuando, cantábamos canciones. Canciones aprendidas de memoria, con sabor a quedar a las siete y media en el banco, a ¿sabes si va Fulanita?, a mirar al futuro cuando tan sólo significa si este viernes vamos a Bravo Murillo al cine, pero al Crystal o al Lido, y luego nos podemos tomar una tortilla en Nebraska.
Fueron muchas, muchas canciones, pero esta, esta sonó muchas veces….
¿Otra copita?
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