Dar a luz un hijo del que se sabe que vivirá pocas horas debido a enfermedades congénitas incurables es, sin lugar a dudas, una prueba extremamente difícil. Tal vez por eso algunas personas prefieren eliminarlo antes. No fue el caso de Diane Elder, una cantante profesional que decidió tener a su hija Angela, afecta de un grave problema genético llamado Trisomia 18, que vivió solo doce horas. Desde luego, no es el primer caso ni será el último de personas que se comportan así, pero pienso que es bueno saber que esta gente existe.
En una entrevista en la CNN, Diana relató (ver video arriba, en inglés) que a pesar del dolor que tanto ella como su marido y su familia sufrieron desde que se descubrió la enfermedad (cuatro meses antes del nacimiento), cuando nació la niña todos se llenaron de “una increíble felicidad”. Muchos parientes y amigos acudieron al hospital apenas supieron la noticia, de modo que la niña –que nació con deformidades- pasaba de unos brazos a otros...
Diane cuenta que Angela murió en su regazo y que sus miradas se cruzaron en varias ocasiones. “Murió pacíficamente. El sufrimiento fue nuestro. Durante dos semanas… en realidad, todo un año, la lloramos, como se llora a un ser querido que muere. Es parte normal de la vida. No puedes evitar el hecho de la enfermedad y la muerte. Pero nos sentimos muy tranquilos cuando todo terminó”. Por el contexto y el modo de decirlo, se entiende que la tranquilidad de la que habla es la de quien siente que ha hecho lo que tenía que hacer. (transcripción de sus palabras, en inglés).
Dar a luz un hijo del que se sabe que vivirá pocas horas debido a enfermedades congénitas incurables es, sin lugar a dudas, una prueba extremamente difícil.
Tal vez por eso algunas personas prefieren eliminarlo antes. No fue el caso de Diane Elder, una cantante profesional que decidió tener a su hija Angela, afecta de un [...]
En una entrevista en la CNN, Diana relató (ver video arriba, en inglés) que a pesar del dolor que tanto ella como su marido y su familia sufrieron desde que se descubrió la enfermedad (cuatro meses antes del nacimiento), cuando nació la niña todos se llenaron de “una increíble felicidad”. Muchos parientes y amigos acudieron al hospital apenas supieron la noticia, de modo que la niña –que nació con deformidades- pasaba de unos brazos a otros...
Diane cuenta que Angela murió en su regazo y que sus miradas se cruzaron en varias ocasiones. “Murió pacíficamente. El sufrimiento fue nuestro. Durante dos semanas… en realidad, todo un año, la lloramos, como se llora a un ser querido que muere. Es parte normal de la vida. No puedes evitar el hecho de la enfermedad y la muerte. Pero nos sentimos muy tranquilos cuando todo terminó”. Por el contexto y el modo de decirlo, se entiende que la tranquilidad de la que habla es la de quien siente que ha hecho lo que tenía que hacer. (transcripción de sus palabras, en inglés).