Fui hecho para triunfar en América
Muy buena, especialmente el vertiginoso final al estilo Woodstock. He disfrutado muchísimo ver una serie recomendada en directo por mi amiga Midori-chan, quien vive en el glorioso Japón. Ahora somos dos las personas que opinamos que vale la pena quedarse en casa todo un fin de semana para disfrutar de Beck.
Vamos al inicio. En el año 2000, Kodansha decidió publicar el manga de Harold Sakuishi. La edición se dividió en 11 tomos de alrededor de 200 páginas. Su nombre completo es Beck: The Mongolian Chop Squad, y la historia giró en torno a la vida de Tanaka Yukio, mejor conocido como Koyuki.
Durante sus primeros 14 años de vida, Kokuki le fue completamente indiferente a cualquier tipo de afición. No tenía un deporte preferido, un entretenimiento cotidiano, una simple novia, un montón de amigos desgarbados y mucho menos, algún tipo de música favorita.
Para su fortuna, durante la escuela secundaria se tropezó con Minami Ryuusuke.
Ryuusuke creció en los Estados Unidos pero vivió mucho tiempo en Japón. Luego de una larga ausencia, el joven volvió a su país natal para formar una banda de rock. La Banda, con mayúscula. Reunió a sus integrantes, valorando cuidadosamente sus habilidades. Fue por eso que Koyuki quedó excluido. El chico de secundaria no sabía ni siquiera cómo sostener una guitarra. No obstante, su deseo por demostrarles a todos, especialmente a él mismo, que podía ser un guitarrista, lo llevó hasta el escenario junto a Ryuusuke, Taira, Chiba y Saku.
El nombre de la banda lo decidió Ryuusuke, en honor a su extraño perro vagabundo. Los disparatados elementos de Beck tomaron su lugar frente a su instrumento y no sólo interpretaron música: la crearon. Con un estilo fresco que los hizo despegarse de las otras bandas de rock, Beck comenzó a ganar adeptos a lo largo y ancho de la ciudad. Sin embargo, para ellos no era suficiente tocar en un bar o en dos. Necesitaban triunfar, y hacerlo en grande.
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