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"Sobre los lugares de trabajo en los navíos de la Campaña de Trafalgar (II)". To change this title, or add tags or comments,
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Los navíos tenían diversas características que hacían la vida a bordo incómoda y propicia a coger enfermedades: la estrechez de espacio, la falta de luz, la promiscuidad y la insalubridad.
En los buques de guerra la distribución del espacio estaba muy pensada y muy aprovechada en aras siempre de su fin militar. La dotación dormía, comía y se alojaba donde los cañones se lo permitían y sólo mientras estos no tenían que usarse, limpiarse o trasladarse. El calificativo inglés de roomer, alusivo a un barco desahogado, era tan poco usual como apreciado.
El espacio libre era muy limitado, y el disponer de él constituía uno de los mayores lujos, reservado al comandante y a los almirantes embarcados, que disponían de los únicos alojamientos amplios, consistentes en una cámara y un camarote, que estaban situados a popa, considerada desde los primeros tiempos de la navegación como lugar de honor.
La marinería tenía su propio sollado en las baterías, donde colgaban el coy, junto al cofre de la ropa y el arca de cedro con la quincallería autorizada de su pertenencia. Esta hamaca de mar necesitaba práctica de su uso para no caerse de ella, y los techos tan bajos precisaban estar acostumbrados para no golpearse continuamente con ellos.
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