El otro día casi me compro un ipod nuevo. Pensé que el que tengo es solo de 4 gb por lo que necesitaba uno de mayor capacidad. Estoy mirando vender mi coche actual (que es estupendo y va fenomenal, racionalmente hablando) pero me parece haber descubierto unas necesidades insoslayables que antes no sabía que tenía. Para qué hablar de los libros que leo. Tengo una pila de ellos pendiente. No he empezado uno y ya me falta el siguiente. O de la música. El itunes no da más de sí y los CDs en el coche ya no pueden esperar más a ser escuchados. Sin embargo, me acabo de comparar tres más. Es como cuidarse: sabes que debes comer menos y mejor y hacer más ejercicio. Pero por algún motivo, no puedes.
¿Te pasa a ti también?
Lo peor es el riesgo de que ese síndrome de abstinencia se extienda, como una mancha de aceite, a cosas no materiales: tu pareja, familia, amigos… ¿O qué decir del trabajo, la ropa, el dinero o los jefes? Acabo de terminar de leer “El hombre del traje gris” de Sloan Wilson. Aunque está escrito hace más de 50 años, es una novela repleta de referencias vigentes. En un punto, Tom Rath reconoce que “esperaba que no haría otra cosa que estar sentado a tu lado [de su mujer] bajo la luz de la luna […] y ver que tengo que hacer mucho más me cogió de sorpresa”.
Nada satisface. Nada llena. El “todo fluye”. Tout lasse, tout casse, tout passe (Todo pasa, todo se rompe, todo cansa, según la expresión francesa que conozco de un cantautor). Y, la mismo tiempo, todo urge y es imperioso. Nada se puede dejar al azar. Jaime Alejandre dice en su última novela al hablar de Madrid que la gente ahora tiene prisa por llegar a cualquier sitio. Es una sensación incómoda, la verdad, pero que solemos ocultar demasiado bien.
Inmediatamente he pensado en la canción de kd Lang, constant craving (ansiedad permanente):
En un momento dado canta:
Maybe a great magnet pulls Quizás un gran imán atrae (pedazo de referencia Lostiana)
All so
add a comment