Estoy adquiriendo nuevos sentimientos. De eso me di cuenta ayer mientras escuchaba A Love Supreme, de Coltrane. Tal vez es un asunto de la edad y resulta que cuando crecemos no sólo acumulamos años, sino sentimientos. Pero ayer sentí incontrolables ganas de salir afuera, a la noche fría, a encontrarme con los miles de millones de personas excepcionales que habitan en este planeta. Lo de ayer fue lo contrario al terror que nos prescriben todos los días. Lo de ayer fue la nítida confianza de amar a todos esos desconocidos cuya generosidad es expansiva y luminosa. Aquí están, con sus plantas sobre este mismo suelo. Los puedo sentir.
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