De un modo sencillo y gráfico se muestra la limitación de las ciencias particulares para el conocimiento de la realidad profunda de la persona, con las grandes posibilidades que ofrecen su capacidad intelectual y su libre voluntad. Como conclusión podrían tomarse la palabras de un discurso de Benedicto XVI: "El hombre está siempre más allá de lo que se ve o de lo que se percibe mediante la experiencia. Descuidar la cuestión sobre el ser del hombre lleva inevitablemente a dejar de buscar la verdad objetiva sobre el ser en su integridad y, de este modo, a la incapacidad para reconocer el fundamento sobre el que se apoya la dignidad del hombre, de todo hombre..."