Es extraño volver de esta “desintoxicación cibernauta” después de la CP para hablar de un tema que tan poco espacio suelo conceder, sin embargo, como colombiano es imposible hacerse el de los oidos sordos frente a una noticia tan trascendental en la política nacional. Para otros días quedarán los sucedido en CP porque el rescate de secuestrados es la noticia que nos ocupa ahora en todo Colombia.
Lo primero que me llamó la atención, a eso de las 2:30 de la tarde (hora colombiana), fue la espontánea manifestación que los conductores que pasaban por la calle 100 a esa hora empezaron de un momento a otro. Con el sonido de las bocinas de todo tipo de vehículos -buses, carros particulares, taxis, etcétera- el bullicio que se formó era difícil de ignorar. Era evidente que algo estaba pasando. Y al sintonizar los canales nacionales la noticia ya ocupaba todas las transmisiones: el rescate armado de quince secuestrados que se encontraban en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) por parte del Ejercito Nacional.
Durante más de media hora -y aún no se detiene- los vehículos celebraron la liberación de Ingrid Betancourt, los tres ciudadanos norteamericanos y once soldados, los cuales llevaban más de diez años secuestrados. Esto fue posible en medio de la Operación Jaque realizada por las Fuerzas Armadas de Colombia, y en estos momentos los liberados se dirigen a la Base Aérea de Tolemaida en el departamento del Tolima a la Base Aérea de CATAM en Bogotá, según las últimas informaciones.
Esta notica es una alegría nacional, más allá de todas las implicaciones políticas que puede llegar a tener. La liberación de cualquier civil que se encuentra injustamente en poder de manos terroristas es un motivo de celebración, como sucedió hace un par de minutos en las calles bogotanas y de toda Colombia. Son cada vez más las muestras de un clamor nacional que pide a gritos el cese de los crímenes por parte de cualquier a