[...“Son 79 dólares”. Mmmmm. No me lo podía creer. 25 euros cada uno de los pantalones de DKNY que me acababa de comprar. Fue la puntilla a cuatro intensos días en Las Vegas, en plena vorágine compulsiva de baloncesto y shopping. La situación ideal, vaya. Cuando compré el billete de avión a principios de año no me podía imaginar que mi tradicional viaje a las ligas de verano acabaría siendo la que seguramente es la mayor representación de un club ACB en la historia de las “summer le]
Todavía no puedo creerlo. No sé si voy a poder entenderlo por mucho que tenga más información o me lo expliquen. Hace unos días quedé con un nuevo joven amigo, enamorado del baloncesto, en que nos veríamos el día del Akasvayu-Granada y no va a poder ser. Hace algunos años otro joven amigo estaba ilusionado por seguir los pasos de Andy Toolson y anotar muchos triples en Fontajau con la camiseta del C.B. Girona y ese sueño se ha quedado de momento aparcado.
Hay unos cuantos que después de poner cara de circunstancias durante unos minutos seguirán su camino lejos de Girona y el resto se quedarán ahí, sin ba-lon-ces-to.
Para todos los que forman parte del club es una situación difícil. Todos pasarán malos momentos, pero el efecto negativo no va a durar lo mismo para todos. Los hay que muy pronto entrarán en otro equipo y seguirán su carrera, unos pocos tardarán algo más pero acabarán el año o la temporada próxima colocados. Pero hay un grupo menos conocido, aunque más numeroso, que probablemente no tengan nunca más o en bastantes años la oportunidad de volver a poder trabajar en el entorno de un equipo de baloncesto. Son muchos los que de manera directa o externa trabajan y colaboran en la estructura de en equipo ACB. Son gente importante, aunque no se vean, aunque sólo conozcamos a los que aparecen en los medios. Ellos han tenido durante todos estos años una gran responsabilidad en la estabilidad del club en una liga tan competitiva como la ACB.
Hay muchos niños cuya trayectoria como jugadores de baloncesto ya no volverá a ser igual. Todos sabemos lo importante que es seguir un ejemplo, tener un espejo en el que mirarse. Y alguien ha roto el espejo en Girona.
Hay muchas personas en Girona, como en tantas otras ciudades, que han convertido su afición por el baloncesto en una forma de vida, en una rutina semanal esperando el partido del domingo por la tarde en Fontajau, en el seguimiento durante el verano de los fichajes para el equipo de